• Taller Experiencial en el Método de Integración Cognitivo Corporal

    Con Carmen Cordero y Esther Flaño

    Charla: Miércoles 26 de Sept., a las 19:30 hrs. (Farfala)

    Viernes 28, Sábado 29, Domingo 30 de Septiembre, en MASCARBÓ (Girona)

      El Centro de Integración Cognitivo Corporal de Santiago, Chile, los invita a participar en este taller experiencial en que, a través de dinámicas corporales y atencionales, exploraremos una nueva dimensión de nuestra corporalidad, nuestro emocionar y nuestro vivir.

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    (Martes 2 de Octubre, de 10 a 13 hrs en Farfala: seguimiento para grupos antiguos)

    El taller nos ayudará a:

     -  Distinguir las cuatro emociones básicas (alegría, rabia, tristeza, miedo), a través del cuerpo.

    -  Distinguir la relación entre el tipo de estructura corporal y las emociones más recurrentes en la vida, reconociendo nuestra configuración particular (relacional, explicativa o motriz).

    -  Conocer estrategias de aprendizaje personales para desarrollar la plasticidad emocional necesaria para el bienestar y la plena presencia.

    Dirigen:

    Carmen Cordero, Bióloga de la Universidad de Chile, Directora del  Centro de Integración Cognitivo Corporal de Santiago, Chile.

    Esther Flaño, Terapeuta Corporal.

    www.cognitivocorporal.cl

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    Fecha: Viernes 28, Sábado 29, Domingo 30 de Septiembre 2012

     Lugar: Mascarbó, Saint Hilari Sacalm, Girona.

    Traer ropa cómoda para hacer ejercicio.

    Calcetines

     

    Inversión: € 400

    Aforo limitado

    Consultas e inscripciones

    Esther Flaño: esther@archiplan.es

    659 458 013

     

     

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    Algunos Testimonios:

    Pagina del enfoque cognitivo corporal (www.cognitivocorporal.cl/)

    Enviado por Raúl Herrera Labarca el 24/03/2008 a las 13:16

    Un post anterior en que analizaba las distintas percepciones y su interpretación, generó una gran cantidad de comentarios que derivó en una conversación. En un momento indiqué como un camino a seguir, el aumento de la conciencia de la percepción, y rápidamente entramos a la conversación de las vías para lograrlo.

    Con algo de temor me comprometí a desarrollar más esta apasionante conversación, exponiendo mis incipientes interpretaciones y experiencias.

    Lo primero que me surge es el tema de la percepción, nuestra conexión con la realidad. Hemos aprendido de nuestros maestros biólogos:

    Humberto Maturana,Francisco VarelaCarmen Cordero, la imposibilidad que la percepción de cuenta de la realidad como tal, y como esta en definitiva la construimos a través de los consensos sociales en las comunidades que participamos. Así cada vez que hablamos de realidad u objetividad, está implícito un consenso en una comunidad, obviedad que a menudo se nos escapa.

    Y la percepción, nuestra conexión con la realidad, la hacemos a través de nuestros sentidos, la conexión con el mundo exterior. No sabemos cómo es la realidad, pero si sabemos cómo la sentimos. Las señales que recogen nuestros sentidos, son enviadas por los canales sensoriales a la parte inconsciente de nuestro cerebro, y si estamos atentos, si dirigimos la atención a la sensación, estas señales llegan a la parte consciente. Eso explica que nuestro cerebro consciente, procesa sólo una parte mínima de los estímulos que recibimos (sólo un 0,5% según indican algunos estudios).

    En la medida que las señales llegan a nuestro cerebro consciente, se genera el aprendizaje, que puede ser estimulado por la reflexión sobre esas señales.

    La percepción tampoco la podemos considerar un dato fijo, sabemos que la percepción de algunas personas es mayor, o al menos distinta, que la de otros. Los médicos ven en la radiografía lo que el resto no ve, el músico distingue acordes que el lego no reconoce, el catador de vinos distingue sabores a los que no tenemos acceso, el perfumista puede construir perfumes para generar emociones que están fuera de nuestra razón, los ciegos pueden reconocer personas simplemente tocándolas. Aprendizajes que se generan al dirigir la atención a la percepción.

    Ahora bien la atención es un “músculo” que también es posible desarrollar. En nuestra práctica diaria, la atención “nos es robada” por múltiples estímulos; un recuerdo del pasado, una expectativa futura, un cambio de clima, la sonrisa o la tristeza de otra persona, etc.… nuestra mente divaga y se lleva nuestra atención.

    Cuando la mente nos lleva la atención, en ese momento actuamos de acuerdo a los automatismos que hemos creado en el pasado, independiente o no que sean los elegiríamos desde la conciencia consciente. Esa es una gran bendición, ya que nos permite una gran economía de energía, pero insuficiente para afrontar en situaciones que requieren nuevas respuestas. (Tengo pendiente publicar un post al respecto referido a la experiencia en Toyota)

    Para el desarrollo de nuestra capacidad de atención, la meditación que hemos aprendido de los orientales ha sido indicada como una gran herramienta. En el camino que he practicado, he logrado distinguir dos etapas. En una aprendemos a calmar la mente, a domesticarla a través del silencio interno, y una segunda etapa, la contemplación, a dirigirla hacia el objetivo de nuestra reflexión, dirigirla sin los condicionamientos históricos que hemos incorporado a nuestro ser.

    Esto presupone hacernos amigo de nuestra mente, visualizar que nuestras creencias son sólo las interpretaciones que hemos creado, y desde ahí estar abierto a nuevas interpretaciones, liberar la energía que consumimos en defender un ego, nuestra imagen, que es construido sólo de interpretaciones. Posibilitar que sea nuestra mente sea la guía de lo que queremos hacer.

    A través de mi experiencia con Carmen Cordero, he descubierto un camino complementario. Ella ha desarrollado lo que ha llamado el modelo MICC (Modelo de Integración cognitivo corporal) que nos indica que podemos ampliar también la atención a las percepción de nuestro cuerpo, la propiocepción(Algunas comunidades científicas la distinguen como parte de los sentidos, ampliando estos de cinco a seis.).

    Al aumentar la atención a la propiocepción, a las sensaciones de mi cuerpo, se hace mucho más fácil mantener el foco de mi atención a lo que quiero, sin que esta vuele a donde está acostumbrada a ir; miedos, sueños, expectativas, urgencias, dolores, etc. Y mi sorpresa al seguir este camino, ha sido que el desarrollo de esta atención, la logro por el desarrollo de determinado tipo de musculatura, y por el ejercicio de la atención a la propiocepción. No basta hacer ejercicios, si estos no van acompañados por la atención a la sensación corporal. Me empieza a hacer mucho sentido lo que postula Francisco Varela, la mente está en el cuerpo.

    Esto trae, algún atisbo he tenido, un mayor desarrollo de la intuición, mejorar mi capacidad de relacionarme y de cuidar de mi mismo en esa relación.

    Ambos caminos, meditación y MICC, que he elegido complementar, tienen como característica la necesidad de la recurrencia en la acción, practicar y practicar, lo que hace que mi avance sea lento, y muchas veces con retrocesos, ver mis avances es la fuerza que sostiene el camino.

    Y una conversación que queda abierta para otros post, es como este camino de la conciencia de la percepción de mi mismo, es también un camino espiritual, como lo es el camino de la meditación budista, las danzas sufí, las prácticas monásticas, etc.…

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    Durante 20 años la bióloga Carmen Cordero Homad se dedicó a mirar cuerpos: cómo 
se movían y qué disposición tomaban en cada emoción. Así, se dio cuenta de que la 
estructura corporal es determinante en la forma de actuar y sentir, y que el bienestar 
sólo se alcanza respetando la propia biología. El método de desarrollo personal que ideó 
utiliza el ejercicio físico como principal herramienta terapéutica. “Para cambiar una conducta hay que cambiar el cuerpo”, asegura.

    Por Carola Solari  | Fotografía: Pin Campaña.

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    Paulina Rojas es sicóloga, pero tenía dudas sobre cómo manejar una situación que enfrentaba su hija de siete años. La niña, que estaba en segundo básico, tenía dificultades en el colegio: no estaba bien integrada, le costaba relacionarse con sus compañeras y su rendimiento era irregular. Las profesoras habían notado que era capaz de leer de corrido en voz alta, pero cuando sus compañeros la miraban, lo hacía a trastabillones.

    La mayor angustia de Paulina había surgido luego de ver a su hija en un entrenamiento de hockey. “Se hacía todo el rato la payasa frente a las otras niñas, que la miraban con cara de ‘¿qué está haciendo?’ Cuando estuvimos solas le pregunté por qué se hacía la graciosa. Ella respondió que lo hacía para hacerse amigas. ‘No sé si vas a hacerte amigas así, porque las niñitas no te entienden’, le dije. Mi hija me quedó mirando y me preguntó: ‘Entonces, mamá, ¿cómo lo hago para tener amigas?’. No supe qué responderle. Yo nunca tuve ese problema”, dice Paulina Rojas.
    Siempre había creído que ella y su hija se parecían. “Las dos tenemos el mismo signo: Libra”, dice. Pero unos meses antes, tras escuchar una presentación de la bióloga Carmen Cordero en un curso de coaching, había comenzado a dudar. “Carmen habló de su paradigma biológico. Dijo que la forma de hacer y sentir de cada persona depende de su propia biología, de la estructura corporal que tiene. Me pareció interesante y me quedó dando vueltas”, dice Paulina. Miró a su hija: era tan larga y flaquita. Luego se miró a sí misma: su cuerpo era fuerte y compacto, y siempre lo había sido. Llamó a la consulta de Carmen Cordero y tomó una hora para que evaluara a su hija.

    EL MIEDO Y LA RABIA

     La bióloga Carmen Cordero es la creadora del modelo de integración cognitivo corporal, una técnica de desarrollo personal centrada en el cuerpo y las emociones básicas. Carmen estudió Biología en la Universidad de Chile y trabajó doce años en el laboratorio de Neurociencias de esa universidad con el doctor en Biología Humberto Maturana. Fue él quien le sugirió investigar, para su tesis en Biología, la dinámica de acción de las emociones, el punto de partida del método terapéutico que ideó.
    Carmen pasó veinte años mirando cuerpos: a los monos del zoológico, a las estatuas de los museos, a los actores en plena interpretación y a los pacientes durante las sesiones de sicoterapia a las que ella asistía como co- terapeuta. Miraba y medía con electrodos los cambios de tonicidad muscular y la disposición de la musculatura cuando las personas experimentaban alguna de las cuatro emociones básicas: pena, rabia, miedo o alegría.
    Y esto es lo que vio: que el cuerpo es modelado por la forma en que una persona se ha movido a lo largo de la vida, lo que se relaciona directamente con la emoción que ha predominado en ella. En otras palabras, la recurrencia de una emoción por sobre las demás va conformando un tipo de estructura corporal, un tipo de cuerpo, lo que tiene consecuencias en la forma de pensar y actuar de la persona.
    “No es igual una persona que, por su historia familiar o los hábitos del entorno, ha desarrollado más recursos adaptativos en el miedo que otra que lo ha hecho en la rabia. La estructura corporal, así como lo que cada uno filtra y percibe del mundo, son completamente diferentes”, dice.

    Distinguió tres tipologías físicas, relacionadas con aptitudes y habilidades, de acuerdo a la emoción predominante:

    1) las personas relacionales, que se han movido más en la pena y la alegría, tienen tejido adiposo, son empáticas y tienen inteligencia emocional; su principal recurso está en su habilidad para relacionarse con los otros.

     2) las personas explicativas, que se han movido más en el miedo, tienen una musculatura larga, son reflexivas, observadoras y controladoras; su mayor recurso está en el lenguaje.
    3) las personas motrices, con predominio de la rabia, tienen la musculatura bien desarrollada, especialmente en glúteos y piernas; se caracterizan por su inteligencia práctica y por ir directo a la acción.

    Con estas distinciones, Carmen –que estudió tres años Sicología– quiso aplicar sus conocimientos al campo terapéutico. Desarrolló secuencias de ejercicios específicos para cada emoción, para ver si desde el movimiento se podía generar un estado emocional específico. Las probó en algunos pacientes que asistían a terapia con la siquiatra María Montañez y descubrió que con los ejercicios no sólo se llegaba a la emoción buscada. Además, a largo plazo, provocaban cambios conductuales. “El proceso de mejoría se acelera con los ejercicios. Los pacientes salen más rápido de la recurrencia emocional en la que se encuentran entrampados”, corrobora la siquiatra María Montañez.

    SUBIR CERROS

    Paulina Rojas llegó en mayo pasado a la consulta de Carmen Cordero en el Centro Cognitivo Corporal, ubicado en Vitacura. Llevaba a su hija tomada de una mano y, en la otra, una carpeta con todos sus informes escolares. Cuando se disponía a mostrarlos a Carmen Cordero, la bióloga le pidió que esperara afuera: antes, quería evaluar a la niña.
    Para distinguir su estructura corporal le pidió a la niña realizar una serie de pruebas, entre ellas que golpeara unos cojines, para observar cómo se movía en este ejercicio, propio de la rabia. También que hiciera algunos ejercicios relacionados con el miedo: soplar velas cada vez más rápido, para observar si su respiración se cortaba e iba hacia dentro, lo que le ocurre a las personas que se angustian a medida que aumenta la exigencia. Cuando la niña terminó, la bióloga citó a la madre a una nueva entrevista, a la que debía venir con su marido.

    Cuando Paulina y su marido volvieron adonde Carmen Cordero, ella les dijo que la niña era muy hábil y no tenía ningún problema orgánico, pero todavía no era capaz de desplegar todo su potencial porque tenía angustia. Agregó que, según las distinciones de su modelo biológico, la niña era del tipo físico explicativo, por lo tanto su angustia y ansiedad eran biológicas. “Las personas explicativas son observadoras, captan mucho de su entorno. Ella está en un colegio nuevo, que es bilingüe y más exigente que el anterior, donde tiene pocos intereses comunes con sus compañeras y pocas habilidades sociales para acercarse a ellas. Todo eso ella lo capta y la angustia”, dijo Carmen.

    Luego le preguntó al padre si le preocupaba lo que le pasaba a la niña.

    “Mi marido dijo que no, porque la angustia es parte de la vida y lo social siempre es difícil. Yo me sorprendí. ‘¿Lo social es difícil? ¿La angustia es parte de la vida?’, pregunté. Carmen intervino y dijo: ‘Esto es interesante, porque para el padre, que tiene una tipología explicativa igual que la hija, la angustia, la ansiedad y el control son parte de la vida. Pero la madre, que tiene un perfil motriz, no entiende esa angustia y lo que espera de su hija es que se plante en el mundo, diga las cosas como son y si alguien le viene con alguna tontera, la haga a un lado y defina sus límites’. Entonces, Carmen me miró y agregó: ‘Paulina, vas a tener que aprender a leer a tu hija, porque no tiene los mismos códigos que tú’”, cuenta Paulina Rojas.

    La bióloga trabajó tres sesiones con la madre, en las que le dio claves para entender la naturaleza de su hija y aprender a guiarla. “Me dijo que era un ser libre y que yo, como mamá, era tan exigente y le ponía tantas normas, que la agobiaba. Yo era de esas mamás que están encima controlando:

      ‘cómete toda la comida, ¿hiciste tus tareas?’; ésa era nuestra manera de relacionarnos. Carmen me recomendó que en la casa desarrolláramos más el aspecto relacional, que es el recurso que como familia menos tenemos; la capacidad de estar juntos sin exigencias, de una manera más amorosa, dejando espacios de libertad: como que el fin de semana se lave los dientes a la hora que quiera”, dice.

     

    “NO ME LA ECHEN A PERDER”

    Entender a su hija y qué le pasaba, fue muy útil para Paulina: le permitió tener todas esas distinciones cuando el colegio la mandó a llamar porque el rendimiento de su hija era irregular. “Le habían hecho una evaluación sicopedagógica y en esa reunión la sicopedagoga me dijo todo lo que mi hija no lograba. Yo la escuché y le dije: ‘Entiendo tu informe, pero como madre espero que una evaluación de mi hija hable de ella en su totalidad y no solo de lo que no alcanza; porque en algún minuto lo  va a alcanzar, porque es capaz. Ella es un ser maravilloso y tienen que aprender a verla. Yo la cambié a este colegio y ustedes la aceptaron. No me la echen a perder’, les dije a la profesora y a la sicopedagoga. Hoy pienso que el trabajo con la Carmen fue crucial para tener una postura clara. De otra forma, le habría dicho que sí a todo y en vez de respaldar a mi hija, habría vuelto a mi casa a estresarla”, dice Paulina.

    En agosto pasado, y viendo que las medidas sugeridas estaban funcionando, Carmen Cordero empezó a trabajar directamente con la niña. “Hay que ayudarla a poner su fuerza en ella, a que diga: ‘Ésta soy yo’”, le dijo la bióloga a la madre. Para lograrlo era necesario trabajar el aspecto motriz, es decir, desarrollar los músculos que se relacionan con la rabia y la fuerza: las piernas y los glúteos. Junto con darle una secuencia de ejercicios que incluye pegar patadas y golpear cojines, le recomendó subir cerros, hacer bicicleta y esquiar. Desde entonces y hasta ahora, la niña hace todos los días la rutina de ejercicios que le enseñó la bióloga y sale regularmente con su familia a subir cerros y andar en bicicleta.

    Paulina Rojas ha notado los beneficios de estas medidas.
    “Mi hija sigue siendo ansiosa, pero ahora maneja mejor las situaciones que la angustian: está más regulada y entiende más lo que le pasa. Ha dejado de hacerse la payasa, que era una reacción que tenía desde los nervios, desde la ansiedad que le provocaba el querer llamar la atención de las otras niñitas. Ahora, es más fluida la interacción con sus compañeras. Si bien todavía no está bien integrada, lo está viviendo con tranquilidad. El otro día, por ejemplo, me dijo que no quería bailar para ser amiga de las  niñitas, que bailan todo el día. Siento que está expresando con más firmeza su diferencia, diciendo lo que le gusta y lo que no”.

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    Farfala @ Viernes, 21 de Septiembre de 2012

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